¿Quién disparó al Vodevil? Mamá, después de salir en la tele quiero firmar libros.

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¡Damas y caballeros! Les doy mi más sincera bienvenida a un nuevo espectáculo en el que les vamos a deleitar con números en los que podrán disfrutar de la opinión personal de una servidora, Maestra de Ceremonias, respecto a diferentes temas relacionados con el maravilloso mundo del entretenimiento.

Les ruego que disfruten del espectáculo y, a su vez, les animo a que intervengan si así lo desean y su valioso tiempo lo permite. Antes de pasar al primer número, quisiera advertirles de que, como buen show de variedades, lo que importa es la diversión y el regocijo del público, con lo que si alguno de ustedes no posee buen sentido del humor o no sabe disfrutar del sarcasmo, puede abandonar el palco en cualquier momento. ¡Les doy las gracias de primera mano por su comprensión y tolerancia!

¡Y ahora sí, damas y caballeros, un fuerte aplauso para el primer número de esta primera temporada!






Y yo que me imagino a Belén Esteban sentada en la mesa, todavía sin maquillar y con el pelo revuelto, bebiéndose su café con leche y mordiendo con desgana una tostada untada con margarina de las caras mientras observa una mancha en el techo con interés y piensa en las musarañas. Entonces, Andreíta, que ha estado observando todo el tiempo a su progenitora, pregunta: "¿En qué piensas, mamá?" Y Belén Esteban responde: "Ahora que lo preguntas, creo que me gustaría la idea esa de ver mi cara en la portada de un libro. Y quedaría bonito en la estantería de la salita".

Tras la idea -provocada quizás por la caja de cereales del desayuno-, el siguiente paso sería buscar una editorial mona y ¿para qué están los representantes? Ea, ya se encargarán ellos de buscar la mejor editorial de todas (a ser posible de las que hacen portadas en tapa dura, con muchos colorines y el título con una letra así que destaque. ¡Y en relieve!) y de hacer todo el papeleo. De esta forma, nuestra heroína solo tiene que preocuparse por escribir el... Bueno, eso de escribir es complicado y tal, ¿qué tal si mejor habla y deja que una persona experta en narrativa y toda la pesca se encargue de ponerlo bonito y vistoso? Sí, eso estaría bien. Total, dar trabajo a alguien en estos tiempos siempre estará bien visto.

Vale, ahora nuestra heroína tiene que elegir de qué irá su libro. Hay tantas cosas de las que hablar, tantas historias, tantos mundos, tantas opciones que... ¡A la porra! ¿Para qué comprar hamburguesas teniendo chuletones en casa? Hagamos lo mismo que siempre hemos hecho de programa en programa pero por escrito y, para no repetirnos demasiado, añadamos un par de anécdotas y reflexiones que jamás se hayan contado en plató y vendámoslo como el libro definitivo que lo tiene todo, absolutamente todo y... Bueno de la promoción ya se encarga la editorial; que ellos ya piensen en la estrategia de marketing, que para eso les pagan.

Ya está ¿no? El representante está negociando, el otro está escribiendo y el que ha hecho las fotos para la portada está dándole al Photoshop. Ahora solo queda soltar la bomba en el programa emitido en Prime Time donde nuestra heroína trabaja y dejar al público con la mosca detrás de la oreja (y eso que lo acaban de empezar, qué chollo).


El caso es que la editorial elegida es de las más prestigiosas del país y, no solo está encantada con la idea, sino que va a ayudar en todo lo posible a nuestra heroína del día a que todo le salga de rechupete, con presentaciones en los mejores sitios, una campaña de marketing digna de un Best Seller y todo lo que pueda necesitar (¡Hasta el boli con el que vaya a firmar los libros se lo van a dar ellos! ¡Qué pasada!). Es más, para hacer del producto algo más jugoso, se incluirá un prólogo escrito por otro famoso y así se riza el rizo. Sublime.

Un par de meses después nuestro libro se publica en todo el país (Y no ha salido antes por culpa del que estaba escribiendo, que ha tardado más de lo que pensábamos con tonterías como la corrección de faltas de ortografía, mecachis en la mar...). ¡Y a la semana ya es líder de ventas! ¡Y las ediciones salen como churros! ¡Y tenéis que ver qué colas kilométricas se forman en los lugares donde se va a firmar el libro!

Nuestra heroína está contenta, la editorial está contenta, todos están contentos. Éxito.

¿O no?


No hace falta viajar muchos años atrás en el tiempo para darnos cuenta de que Belén Esteban no es la única que se ha unido a la moda en la que rostros conocidos deciden dar su propio salto al tiburón y, si hacemos una lista improvisada de algunos ejemplos que han aparecido entre el año pasado y lo que llevamos de éste, veríamos nombres como: Mario Vaquerizo, Christian Gálvez, Mariló MonteroLuján Argüelles, Risto Mejide, Miguel Ángel Revilla, Carmen Bazán, Raquel Sánchez Silva, Lola Herrera, Carmen Alcaide, Màxim Huerta, Sandra Barneda, David BisbalMónica Carrillo, Elsa Pataki, Messi... Y ya mejor lo dejamos, que creo que con esto ya nos hacemos una idea.


Supongo que ahora estaréis esperando mi opinión demoledora respecto a un tema que ha levantado ampollas entre escritores, bloggeros y lectores asiduos que consideran una vergüenza (he suavizado el término) el hecho de que estos personajes que vienen con la fama de casa se cuelen en las listas de libros más vendidos del año en nuestro país y, de paso, ocupen los puestos de Ferias del libro que deberían estar reservados a escritores que quieren promocionar sus obras y darse a conocer entre el público. Y ya no hablemos de la masiva campaña publicitaria detrás de estos autores que consiste principalmente en entrevistas en programas de máxima audiencia tanto en radio como en televisión, artículos en periódicos y revistas de tirada nacional y un trato preferente por parte de librerías y centros especializados. 

Ahora me preguntaréis: ¿Lo ves justo?


Veréis, antes de nada me gustaría hablaros de una enfermedad que se da entre los lectores más soñadores: La creencia de que las editoriales son fábricas de sueños perpetuos. ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente me gustaría que recordáramos que una editorial no es más que una empresa competitiva como cualquier otra, con sus gastos, que busca obtener beneficios superiores a estos (economía para tontos). Si bien Bisbal (por poner un ejemplo) no es un escritor (ni de lejos), todos sabemos que su libro venderá gracias a la gran legión de fans que ni siquiera se molestarán en leer la contraportada; además, gasta muy poco: La promoción es casi gratuita gracias a su fama, las fans correrán la voz y el resto lo harán los programas de televisión y el resto de medios audiovisuales de forma totalmente desinteresada. Más que el beneficio económico, lo que nuestro artista busca es llamar la atención de sus seguidores y un motivo sólido para ser entrevistado por los mejores medios del país y así volver a colocarse en el punto de mira (sobre todo si lleva tiempo en el anonimato)

Es una relación beneficiosa para ambas partes: La editorial mejora su economía, se apunta un personaje mediático a su catálogo, da a conocer su nombre entre el público y el famoso en cuestión adquiere prestigio ya que la literatura consigue colocarle bajo un prisma diferente, más maduro y profesional. Digamos que limpia mucho la reputación.
















No tiene nada que ver con que sea justo o no. La editorial le da al público mayoritario lo que quiere y lo que el público mayoritario quiere es morbo, historias personales (a poder ser trágicas) y/o una oportunidad de oro para obtener un autógrafo y una foto casi por la cara.

Ya sé que muchos de vosotros estaréis torciendo el gesto mientras pensáis: "A mí no me metas en el mismo saco de la gente que compra el libro de Belén Esteban, so loca". Tal vez tengáis razón y seáis de ese tipo de personas que no mira QUIÉN escribe sino el QUÉ; lectores que buscan calidad, historias trabajadas, escritas con mimo y, sobre todo, dignas. Aunque, admitámoslo, ¿cuántos somos los que pensamos así? Siento decíroslo pero los números no mienten, la cabra tira para el monte y eso es lo único que le interesa a una editorial. Como os he dicho más arriba, es una empresa y no la culpo por querer obtener beneficios a toda costa (y menos en estos tiempos que corren). Los autores desconocidos o novatos son máquinas de pérdidas incapaces de contar con las carísimas campañas publicitarias que tendría un famoso a su entera disposición y sus posibilidades de devolver la inversión son 1 entre 100 siendo optimistas.


Afortunada o desafortunadamente, muchos lectores entienden este asunto y se frustran al ver cómo La biografía de la madre de Nosequién, El Recopilatorio de frases de Mengano de Palos o El Libro de recetas de Fulanita La que se acostó Con X le roban protagonismo a la primera novela de un entusiasmado escritor que recibió veinte cartas de negativa y que pasó varios años documentándose y revisando una y otra vez su trabajo para que estuviera perfecto. Es una batalla que, a menos que cambie nuestra sociedad, que mira más por quién hay detrás de un libro que por su contenido, me temo que no terminará.


Pero, mirad por dónde, tampoco lo veo yo como el problema más gordo al que se enfrenta la literatura española a día de hoy. De hecho, esto es algo que ocurre en todos los países (y en E.E.U.U ya ni os cuento) desde hace muchísimos años y que muchos bloggeros y lectores ahora se escandalicen a raíz de las últimas Ferias del Libro celebradas a lo largo y ancho de la península me parece lloriqueo barato.

Un momento, ¿acabo de decir que no me parece el problema más gordo? Sí, habéis leído bien, pero lo dejaré para otro momento.


No me miréis mal, de verdad que entiendo que os fastidie ver la cara de alguien que no tiene ni pajolera idea de escritura acaparando las estanterías de vuestras librerías favoritas aprovechándose de ello para vender, pero, seamos sinceros, estos libros son muchos menos de los que creéis y, si echáis un vistazo a las colas kilométricas de las firmas de libros de famosos y famosetes, comprobaréis que la gran mayoría de componentes son señoras a las que les hace ilusión darle dos besos al "presentador que sale en el programa que me gusta" (por ejemplo) y chavales que buscan la foto de turno. No los considero sectores en los que se pueda depender al ser muy poco fieles (solo buscan el bombazo) y, por tanto, no son una amenaza que ponga en peligro la supervivencia de la novela habitual. Es más, estos libros escritos por personajes mediáticos son los que atraen a éste sector de no-lectores que no consumirían de no ser por este incentivo.


También quiero ser justa. Hay famosos y famosos y hay que saber distinguir entre ellos:

Por una parte, tenemos famosos que trabajan lo que publican, lo miman y el resultado es un producto que gustará más o menos, pero podemos decir que tiene una calidad aceptable para los estándares del mercado. Éste es el caso de autores como Màxim Huerta (ganador del premio Primavera de este año), Sandra Barneda o Christian Gálvez, por poner algunos ejemplos (que tal vez reseñe un día de estos)

Reseñé el libro Tienes Talento de Christian Gálvez justo aquí:


Ah, una curiosidad: ¿Sabíais que estas novelas suelen tener unas ventas bastante normales para lo que se esperaría de un rostro mediático? Es decir, hago hincapié en el hecho de que lo que buscan los cazafamosos no es exactamente el libro sino los trapos sucios y, cuando hay narrativa y un argumento que no contará absolutamente nada de las intimidades del famoso en cuestión, no interesa tanto. Venderá más que el libro de un completo desconocido, no lo dudéis, pero las cifras no se acercan ni de lejos al segundo tipo de famosos, que lanzan cualquier cosa al mercado y -por motivos que escapan a mi comprensión- venden como rosquillas; no voy a detenerme a hablar de ellos (y de su público menos todavía), pues son libros que venden mucho en su momento, pero después caen en el olvido y nadie se acuerda de ellos (y eso incluye al famoso en cuestión). Creedme, no hacen tanto daño como creéis. 


Aunque sí me gustaría criticar ciertos tipos de libros a los que deberíamos poner freno y cuanto antes. Es el caso del Libro Troll de El Rubius, éxito de ventas entre el público juvenil (para nuestra desgracia). Entiendo que la editorial busque sacarle el mayor partido posible a una flor de un solo día de Internet antes de que se marchite, pero hay líneas que no deberían cruzarse por muy mal que esté el asunto y tildar de "libro" a un libreto de recortables de memes de Internet fotocopiados, aderezados con un par de frases trilladas y humor absurdo del malo al más puro estilo 4chan de los 2000, pero con boina y pandereta, ya son palabras mayores. 

Muchos estaréis pensando que me contradigo con lo que he dicho antes del lloriqueo y tal, pero no me negaréis que esto ya es una tomadura de pelo. Básicamente es hacer apología del mal gusto y el mínimo esfuerzo entre otras cosas; ¡apostaría que cualquiera de vosotros es capaz de hacer lo mismo! ¡Y hasta mucho mejor!


No me considero una persona que antepone nombre a contenido. Yo soy de esas que hace una evaluación exhaustiva de la novela en todos los aspectos posibles antes de la compra: Argumento, el comienzo de la historia, la portada, la edición... Y, si me gusta y supera al resto de libros que he ojeado, me la compro. No me fijo en el nombre del autor, me da absolutamente igual. Yo busco historias, me da igual su formato, premios recibidos o quién las escriba. ¿He comprado libros escritos por famosos? No lo negaré, pero también os digo que, cuando me compré el último de Màxim Huerta, no caí en la cuenta de quién era hasta que llegué a mi casa y mi madre me dio el chivatazo. Así, tal cual.

Muchos de vosotros habéis optado por la opción de no comprar libros de famosos, pero a mi gusto eso es demasiado radical y hasta infantil si me tiráis de lengua (en plan "ahora me enfado y no respiro"). No me parece buena la actitud de cerrarse en banda a algo y nunca se sabe si el libro que os cambiará la vida lo escribirá un rostro mediático o un completo desconocido.


Nos vemos en próximas entregas.



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